Nostalgia y nacionalismo en Felipe De Brigard: “Un análisis brillante con una conclusión cuestionable.”

Felipe De Briard - Nostalgia - AEON Felipe De Briard - Nostalgia - AEON

En este ensayo en Aeon que parte de la consideración de la nostalgia como una forma de imaginación, el filosofo especializado en el campo de la ciencia de la memoria y la imaginacion, Felipe De Brigad, analiza la condición imaginativa de la nostalgia “sentir nostalgia por un tiempo que de hecho no se ha vivido parece ser un fenómeno común” para concluir estableciendo una relación entre el resurgimiento de movimientos nacionalistas como el “make america great again” -nostalgia de unos EEUU mejores más imaginados que reales- o el “We want our country back” -como si el Reino Unido hubiera estado en manos de las masas que votan nacionalismo en algún momento-, con la nostalgia como fenómeno agridulce que busca satisfacer un deseo que no puede realmente ser satisfecho. Y por lo tanto -añadiría yo- tiene el potencial para crear un comportamient adictivo.

“sentir nostalgia por un tiempo que de hecho no se ha vivido parece ser un fenómeno común”

El término “nostalgia” fue acuñado por el médico suizo Johannes Hofer en 1688 y significaba inicialmente de forma literal una añoranza de la patria, una acepción que hace tiempo fue superada, aunque no de forma exluyente. De Brigard llama la atención sobre la aparición del término anemonia que el Urban Dictionary describe como la “nostalgia por un tiempo que nunca se vivió” y señala que “aunque se piensa por lo general que memoria e imaginación son algo diferente, en las últimas tres décadas un gran número de descubrimientos críticos han puesto en entredicho esta visión”.

Para este profesor en el Centro para Neurociencia Cognitiva de Duke University, “Los estados nostalgicos son simulaciones mentales asociadas al default network que incluyen, pero no se limitan, a las memorias autobiográficas.” Esta afirmación coincidiría con los resultados arrojados por un estudio realizado por el neurocientífico Kentaro Oba de Tokyo en 2016 en los que “la actvidad en las regiones asociadas con la gratificación y la motivación, era más alta durante la recolección nostálgica”“.

La nostalgia puede estar asociada tanto a objetos de memorias reales como imaginarias. Photo by Helen Sepp on Unsplash

Un estudio de las psicólogas sociles Monica Prusiky María Lewicka preguntó a una amplia muestra de ciudadanos polacos sobre temas relacionados con la nostalgia de cómo las eran las cosas en la época comunista hacía 25 años. Los resultados desvelaron que la gente se sentía más nostálgica si había vivido mejor en el tiepo pasado, si eran ancianos o si no eran felices en el presente.

Las imágenes de otros tiempos -vividos o no- pueden venir asociadadas a sensaciones “agridulces” con emociones contrapuestas. Photo by Adrian Swancar on Unsplash

Es verosimil afirmar, como hace De Briard, que la presentación de un pasado nostálgico contrapuesto con presente poco satisfactorio produce un desencuentro emocional que inclina “a la acción política” y, es verosimil afirmar, que “las políticas de la nostalgia” tienen menos que ver con las memorias de un rosado pasado y más con las de la propaganda y la desinformación.

Ahora bien, cuando inmediatamente De Briadr añade que “esto sugiere, paradojicamente, que la mejor forma de responder puede ser mejorar nuestro conocimiento del pasado” da un salto cualitativo de la emoción a la razón y sin que la razón sea excuyente, parece una batalla que, si bien resulta logicamente deseable y necesaria, se da en un escenario muy distinto. Está claro que un conocimiento más exacto del pasado nos puede llevar a una interpretación más correcta del presente, pero De Brigard ha sostenido precisamente con brillanted a lo largo del artículo, que la potencia de la efectividad nostálgica radica en su emocionalidad conectada a una actividad neuronal vinculada al default mode network que no parece claramente manipulable desde la imediated de los datos.

“esto sugiere, paradojicamente, que la mejor forma de responder puede ser mejorar nuestro conocimiento del pasado”

En mi opinión, la fuerza política negativa de la nostalgia como arma nacionlista sólo puede ser contrapesada con una nostalgia idealista de valores trasnacionales -la hermandad humana, la protección del planeta, la superación de los confictos, la comunicación y la empatía entre culturas, razas y sexos…-. La razón, los datos y los hechos nunca sobran -nunca-, pero intentar combatir emoción con razón si bien es algo deseable, conlleva un elevado riesgo de fracaso.

La imaginación, a la que De Brigard -en su relación con la memoria- ha dedicado su mejor esfuerzo intelectual y científico, parece el principal y no secundario, batallón de infantería en un esfuerzo deseable para la erradicación de la nostalgia usada como arma politica nacionalista.

FUENTE: AEON

Felipe De Briard Imaginación and Modal Cognition Lab